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Pensar y Sentir con Esmero…

Te diré algo que quizás has oído mil veces y, a fuerza de repetirlo, te lo has terminado creyendo. No eres lo que piensas. Porque lo que sucede en tu cabeza es algo que la mayor parte del tiempo no se elige, pues evitar un pensamiento no hace sino acrecentarlo. Y si no me crees, prueba a cerrar esta página sólo si consigues olvidarte de pensar en un elefante rosa.

Pensamos habitualmente sobre aspectos aprendidos, es decir, creencias que opinamos son nuestras, en el fondo no son sino una herencia asimilada del contexto en el que has transitado a lo largo de tu existencia. La parte buena, que no vale la pena sentirnos culpables por aquello que se nos pasa por la cabeza, porque quizás no tuvimos demasiado que ver en el instante en el que se originó.

Te diré más aún. Tampoco eres lo que sientes. Porque lo que sientes tiene que ver de nuevo con tu experiencia. La mayoría de los miedos son condicionados, y si no prueben a poner un niño pequeño en un zoológico. Lo que quiere es ir a tocar las bestias, porque no sabe, o no le han dicho, o no le han enseñado, que pueden hacerle daño. Lo mismo ocurre con el fuego, hasta que se queman. Incluso nos pasa de adultos. El desamor y la desconfianza que, a veces, genera. El miedo a verse solo, porque ya antes se ha sentido tan horrible sensación, etc.

Pero no nos vamos a librar de responsabilidades, ni mucho menos. Y es que somos lo que hacemos, porque tus actos, más allá de tu educación, tu aprendizaje y tu contexto, impregnan de ti el mundo que te rodea. Siempre tienes opción, por más miedos condicionados o pensamientos involuntarios que tengas. Tienes la opción de elegir entre dar el paso o no darlo, en tirar para adelante o no hacerlo, hundirte en los sentimientos y compadecerte o salir a la puerta a jugar la vida. Sin ser culpables, sí que somos responsables de nuestro presente, y eso marcará indudablemente nuestro futuro.

Por eso no me importa demasiado tu pasado. Porque he visto muchos casos de personas, seguro, en peores circunstancias negarse a cumplir la mala expectativa. Se llama Resiliencia, y es la capacidad que todos tenemos más o menos desarrollada de sobreponernos a cualquier acontecimiento. El ser Resiliente perdona y entiende su pasado, vive el presente y se ilusiona con lo que viene. El libre albedrío es su premisa, y sus valores son construcciones propias en base a la reflexión humilde de aquello que aceptó sin planteárselo. Y cuando llevas un tiempo con esa actitud llegan los premios. La serenidad, la paz de tu alma, un bienestar anímico de quien se sabe libre de su propio universo, independientemente de la historia que lo soporte. Y no hay mejor reconocimiento que el de uno mismo frente al propio espejo de la conciencia.

Y ahora que sabes un secreto más, practica el sano ejercicio y sincero de desconfiar de todos los pensamientos, las creencias, los valores, los sentimientos, las sensaciones, los miedos, la culpa, los temores. Decide las acciones que quieres que te definan como ser humano, arriesga la vergüenza, exponte ante ti disculpando el pasado, respirando el presente de verdad, superando la premisa occidental de dar en función de lo que recibes. Porque quien regala momentos amables está eligiendo habitar el paraíso antes de tiempo, y ese es un favor que te debe el destino, ese que tú mismo diseñas, espero con esmero…

 

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