Aquello Inconfesable…

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Castigado, olvidado pero presente, tan inconfesable como cierto, tan silencioso como probado. Te dicen que lo calles, que lo tapes y que lo escondas. Aquello que no se dice, que no se hace, que está mal visto, que no se toca. Tan real que le damos la espalda. Tan natural que lo hacemos secreto. Esa atracción decidida que educamos para que sea amable. Esa emoción que no sabe de razones. Ese morirse en vida sin estar muerto. Seducción perfecta que eleva nuestra alma, que remueve los cimientos de la lógica, que persuade, que encanta, que te hace suspirar y que te tienta. Y, sin embargo, se disimula. Que no es bonito, que no es momento, que pierdes la calma, que van a pensar, que van a contar, y qué más da.

Que pide, que roza, que hiere. Un instante genial que no acaba con una mirada. Un movimiento sensual que termina invadiendo. La guerra de los sentidos contra lo que no se debe, lo insensato, lo prohibido. Tan cercano y tan lejano, tan mundano y tan divino. El origen de quien nace, el final consumado, ese bocado de experiencia, esa fruta que no se puede. Morderse el labio si no la lengua, oler la esencia, probar sabores y obviarlo todo. Perderse en otra piel con los ojos cerrados, sin lamentar la culpa, decidido a saltar al vacío. Hacerlo suave pero mortal, atento pero intenso, galante pero vivo.

Imaginarlo hasta sentirlo. Revolverse insaciable, ansioso de caricias, con más arte que vergüenza, sometido al instinto, ese grande con belleza. Valiente recital del bohemio que se atreve. Función perfecta del genio que se arriesga. Humildad del que se rinde y lo reconoce. Miseria del que lo niega. Humanidad del que lo expresa.

Sensaciones que vienen y se quedan, que marchan pero vuelven, que te ganan y te pierdes, que se escapan pero te envenenan. Una prueba al miedo, al coraje y a la gallardía. Donde quizás ser cobarde es ser fiel, y ser noble una gran mentira. Honestidad poco entendida, excepto por aquellos que cayeron en sus redes. Honradez con uno mismo, aunque no haya regla que te apoye. Una forma de amor que junta momentos. Una forma de religión que te pone a ti en el centro. La manera de hacer de la existencia un montón de estímulos que sepan realmente a vida.

Ese placer inconfesable que es el Deseo. Que no se elige si se siente, que no se piensa pero ocurre, que no reconocemos pero pasa. Quedarnos desnudos de excusas cuando te atrapa, y que lo callas aunque te entusiasme. Deseo y moral, dos amantes que no se soportan, pero que no saben vivir separados, ni quiero, pues no hay ejemplo más auténtico que desear sin límites y ser sensibles, quizás la gran razón de ser humanos, quizás la gran oportunidad de ser personas…

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