Ella…

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No es ella, sino mucho más. No es una mañana de mayo, sino un quejío de primavera. No es pedirle, sino agradecerle. Ni es rezarle sin cantarle. Ni es amarte sin quererle. No es amor si no lo sientes, y no se nota si no te duele. No es encontrarse si no te pierdes, y no es natural si no te arde. Es un pueblo en el campo y un corazón que viaja pleno. Es la pisada del camino y su arte de dejarte huella. Un baile que se escapa, esa mirada que se queda. Y las flores, sus olores, la esperanza, los perdones. Ese verso que no termina, esas voces que no se oyen, esa copla que te envenena. Enamorarte y descuidarte, recitarle, sin más, así como si nada, así hasta que ya no puedas.

Espera. No son los amigos, sino la familia. No son los golpes en el pecho, sino los abrazos. No se trata de los gestos, sino de las verdades. Ni del lamento, sino de las sonrisas. No es el tiempo, sino el momento, que no hay miedos en el instante, ni temores en los besos, más quisiera el diablo, más quisiera el diablo que así fuera.

Agárrate. Que son los sentidos, y los aromas, y las guitarras, y los sabores. Y son los que quedaron atrás, sus susurros, el eco del pasado, tan autentico, tan divino. Y son los poetas, y los soñadores, y los humildes, y los amantes, y los trovadores, y los valientes. Y las estrellas con sus cielos y las mañanas con sus soles. Y el viento, en tu cara, y la inspiración, en mis manos, y los colores, en mi cabeza.

Tú contigo. Volver a volver, caminante y su camino, la niñez y su placita, Machado y su memoria, Juan Ramón, las viñas con sus vinos, Platero, Rocinante, sus mares, la historia, los cielos, leyendas, sin destino. Mis abuelos, los tuyos, mis secretos, tus vergüenzas, ese corte de muleta, ese solo de alegría, esa forma de nobleza, y ese arranque, con desenfreno, que no es locura, sino ternura, la buena ternura de los locos genialmente cuerdos de nuestra santa tierra.

Y yo conmigo. Los fandangos, tu presencia, ese atardecer, su silencio, la belleza. Hermanos en un pueblo que el tópico rompe y la realidad remienda. La noche en vela, ese sorbo de vida, ese bocado a la existencia. Recorrer esos campos de mi única patria, mi infancia. Y los eucaliptos, y las piedras, y la senda, y mi arena. Sin más bandera que la humana ni más himno que el del gusto. Que la gloria es tenerte, y quererte es mi victoria.

Y esa Luna que busca horizontes, defendiendo nuestra suerte. Y ese don de disfrutarte, y esa fe, que nos rescata. El sol que brilla en un tentadero de hazañas. Que permanece impasible, a pesar de los siglos, callando, como buen sabio, de los cuentos mágicos de los que fue testigo.
Mucho más que eso. Los recuerdos posados muy adentro. La memoria gastada de sensaciones para dejarte suspiros inexplicables. Ese fuego constante que te llena sin quemarte. Esa conexión perfecta con los que marcharon, presentes siempre en la mesa a la que nos sentamos, fieles a su estirpe. Andalucía, o ese camino ciego, a veces eterno, perdonen los de fuera, hacia el justo centro de nuestra propia alma…

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2 Comentarios

  1. Anónimo

    Excelente

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  2. Maria Luisa

    Maravilloso 👏👏👏👏

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