Cansado de ti…

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No pararán, hazme caso. No pararán hasta cansarme, me hago cargo. Esos, despistados, apátridas sin más bandera que la pesimista. Supuestos cuerdos, descreídos, que caminan por el mundo levantando muros oportunistas a la desidia. Malhumorados, indigentes de sonrisas, arrastrando el carro del realismo que nunca soportó nadie. Abandonados en su propia derrota, deseando que tú encuentres la tuya. Sumisos de su propia historia, aceptando el pasado como prescriptor y poco más para el futuro. Muertos, sin estarlo, heridos de envidia, de tibieza moral, capitanes sin rumbo, excepto el de embestida con otros barcos nobles.

Los conozco, puedo jurarlo. Puristas de lo insano. Artistas del estoque en lomo ajeno, que del destino ni pensar, mejor dejar estarlo. Cantando conformismo, muy poca vergüenza y cero desvarío, válgame dios. Que eso es humano, como equivocarse, pero no esperes que lo reconozcan. Nunca, jamás, jamás de los jamases.

Esos, piratas. Corsarios del perdón, que eso es rebajarse. Orgullosos de su arte, ninguno, excepto tragarse una vida de esas, de mentira, que no es poco. Espejos de la duda, por más certeza que muestren. De mirada desconfiada, que ellos creen en tu divina suerte. Egoístas desconsiderados, buitres aleonados. Infames, nihilistas, expectantes de tu resbalón para saciar sus temores y venganzas.

Esos, siniestros. Sin más ley que la apariencia y lo visible. Como si las grandes cosas de este universo pudieran tocarse. Como si todo fuese vendible. Esos, funestos, que rinden pleitesía a consentirse, haciendo pagar a los demás con sangre el pecado de hacerlo con ellos mismos.

Amantes de lo supuestamente correcto, cuando justamente incorrecto es serlo, al menos todo el tiempo. Lobos despiadados, acechando la presa más cercana. Con lo que sea, lo más a mano, una ironía, un sarcasmo, qué más da. Solitarios aparentes que se esconden en la masa, quizás, enterrados en los días que pasan y en los años, hasta marcharse.

Están ahí. Ten cuidado. Pagando su vacío contigo. Los conozco de sobra. Esos, que niegan vivir, la vida, que no entienden de desvivirse. Cuerdos, aburridos, jueces de la buena moral, aburridos. Dispuestos a romper la magia del poeta, la obra del pintor, la paz del asceta. Urdiendo planes, imagino, en sus negras covachuelas.

Están ahí, lo sé. Vigilantes, observando. Esperando que caigas para tener un motivo más en su zurrón. Buscando razones que manchen tu luz, sin saber que el veneno les mata de antemano. Están, lo sé, aunque sólo sea porque yo fui como ella, como él, una vez, te diré. Una época, tal vez efímera, quizás eterna, en un infierno imposible, con sus brasas, asesino de mi alma, si no por poco.

Por eso, escucha. Amigo de lo tóxico, atiende. Te perdono. Porque yo estoy cansado de ti, pues sí, pero eso ocurrió mucho después de que te pasara a ti contigo, lo sé. Cansado de haberte conocido, que yo también lo fui de mí, ya ves, hasta que tuve los arrestos suficientes para reconocerlo y salir de allí. Perderme, al fin, te toca a ti, y que el camino te lleve a encontrarte. Quién sabe, vamos, que, si yo me vencí, te aseguro que hasta tú bien puedes hacerlo…

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