Lo que traiga la marea…

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Nunca sabes. Nunca sabes si vendrá tormenta, aguacero o bello atardecer. Nunca sabes si vendrá invierno, huracanes, o tierna madrugada. Nunca sabes del tiempo, lo que estás por ver. Ni es seguro siquiera que veas un nuevo Sol, ni un cielo distinto, ni la noche, ni un nuevo amanecer. Tampoco las personas, ni los días, ni la vida, tanto sin saber.

Y ahí estás, deprimido, muy quieto, esperando, derruido. Contando las horas que no se acaban, habitando los años como si nada. Miedoso del cambio, de atreverte y de retarte. De lanzarte al jardín de la incertidumbre por evitar rosas con espinas que te hieran. Ahí, cansado, pensando en lugares donde estarías, si no te atase la cadena invisible de la rutina. Sin hacer poco más que contemplarla paralizado.

Dame la mano ahora. No es reproche, sino cariño. No es exigencia, sino entendimiento. Es un agarrarte por la solapa con los ojos bebidos en rabia para decirte que yo también estuve ahí. Es un puñetazo encima de la mesa que despierten tus ganas de vivir de verdad el tiempo que te queda en este mundo. Ese volver a volver porque ya un día de niño lo hiciste real y te olvidaste. Con honestidad, pasión, compasión y unos cuantos cientos de sonrisas.

Venga va. Respira. Levanta. Ocho de la mañana. La calle. Saluda. Respira. Pasea atento. De ti, de los demás, del camino. Sin pensar demasiado. Sintiendo. Respirando, de nuevo. Eligiendo. Inspirándote. Soñando. Decidiendo. Caminando despacio. Hasta llegar al por qué no, y si ocurriera. Así un rato, sí, respira, pasando por qué podría pasar, más allá del qué tengo que perder, lo mucho que hay por ganar. Respirando, claro, hasta encontrarte la ciudad de los miedos, del fracaso, de los lamentos. Respira otra vez, que se pasa. Volver a volver, recuerda. A jugar la vida desde cero. Un paso por ti y otro por mi, hasta que vayas sólo. Hazme caso. Que vas a llegar a tu destino, pero necesito que lo creas. Y respira, que no, que esto no acaba, no mientras no dejes de hacerlo. No te pares.

Es verdad. Nunca sabes lo que vendrá. Pero no te pido mucho. Tan sólo que cierres los ojos, muevas un pie, ahora otro, después más, siguiendo la huella, nada más, de tantos que hicieron el camino, yo igual, que nos llevó a nuestro propio destino, el que elegimos, increíble, ¿verdad?. A ese lugar magnifico, inmenso de serenidad, tan lejos y tan cerca, cuando te des cuenta. Un mundo perfectamente imperfecto en el que tampoco sabrás lo que vendrá, ni falta que te hará saberlo, pues venga lo que venga estarás preparado, puedes estar seguro, bien dispuesto para vencerlo, traiga lo que traiga la marea…

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