Mi Gran Error…

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Es un error. Es un error que fijes tu mirada en algún que otro de mis aciertos, sin saber de las mil equivocaciones que cometí. Es un error que te quedes con mi sonrisa, sobre todo si olvidas las lágrimas que vencí. Como es un error que te creas los aplausos sin tener en cuenta el silencio que tantos años resistí.

No pretenderás que escriba al amor sin haberlo sufrido, a la sensatez sin haber estado loco, y a la ternura, escucha, sin haber sido severo. No esperarás que cante al orgullo sin haberlo perdido, al coraje, desde la cobardía, y a la vida, sin haber estado muerto.

Que no hay poeta que no haya sido diablo, ni héroe sin guerra, ni capitán sin sueños. Y que si la luz existe es porque ilumina lo oscuro. Y que el movimiento es todo, todo menos estarse quieto.

Por eso, no me digas que es fácil, que así cualquiera. Que en cada letra tengo un secreto, en cada palabra un lamento y en cada párrafo una herida. Que mi piel es testigo de multitud de espadas y mi corazón un mapa de cien de mis peores batallas.

Deja de escuchar mi voz, quédate con su eco. Un susurro anciano en tono adolescente, y ese niño infante que grita al fondo. Porque ese soy yo, aunque las canas me pinten y las arrugas me arrastren. Aunque mi cuerpo se canse, cada vez más, de contener un alma que no hay quien la detenga.

Ya sabes entonces. Ya sabes que lo sé. Que sé de descuidarse, de perderse y de encontrarse. De luchar contra fantasmas de la culpa, los monstruos del miedo y el castigo de ver pasar el tiempo. Que sé del desánimo, de la tortura de pensar demasiado y de sentir, de sentir cada vez menos. De los juicios de lo ocurrido y los temores del futuro. Y esa lógica irracional, desquiciada, de un mundo que no perdona resbalarse.

Hasta un día, ese día. Un momento bello, ese instante mágico. El segundo exacto en el que te vistes de torero, torero de una vida que embiste y que te exprime. Que no ahoga, pero aprieta. Y entonces empiezas a recitar versos, artista entregado, titán descarnado. Rebelde de ti, eligiendo presente, como se debe, disculpando lo pasado y tentando lo que venga.

Y ahí no acaba, ni mucho menos, qué más quisiera. Que ni acaba el mal, ni los lamentos, ni la tristeza. Pero empiezas tú, con tus manos, con tu historia, esa, tu mejor faena. Caminando errores que serán aciertos, golpes que son abrazos y sabores que sabrán eternos. Que sólo se acaba aquel que nunca se empieza, y yo soy ejemplo de nada, ya sabes, excepto de nunca terminar de terminarme. Y quizás es eso, amigo, como a ti, lo único bueno que nos queda…

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3 Comentarios

  1. Ivonne Hernández

    Hermoso y enriquecedor muy agradecida

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  2. Lourdes

    No dejas de sorprenderme. Hermosas y acertadas tus reflexiones…y al verse una reflejada en ellas…afianzas las convicciones. Gracias

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  3. Enrique García Castellano

    Acertadas reflexiones amigo Enrique.
    Lamento no conocerte personalmente, creo que compartimos muchas ideas.
    Confío encontrar un momento para saludarnos.
    Cordial saludo.

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