Eso sí que puedo…

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No puedo jurarlo, es cuestión de estar atento. No sabes si serán dos besos, tres abrazos y seis momentos. No sabes si vendrán diez pasos, once recuerdos y cien sonrisas. No sabes si volverás, ni si vendrás, ni si irás si acaso. Ni los segundos que quedan ni las caricias que te esperan. Instantes de soñar y pesadillas por reinventar. Lugares, personas, miedos y sus desafíos, perdones y mil disculpas, puede que muchas más. Y ese cariño del amigo, auténtico. Y ese horizonte con su infinito, inmortal.

Habitamos un tiempo, que se va, una vida, que se marcha, con tu legado, que se queda, y un aroma, mientras tanto, que te encanta. Y pasan semanas, como si nada, y gente, como cualquiera, y años, quien los cogiera. Y te atrapa la noche, y ese vino de madrugada, esas letras, alguna rima, y la luz de una vela. Y te recorren las palabras, agarrado al mundo, que es de nadie, pero que haces tuyo, y que te lo nieguen. Y así ocurre, que eres niño, que eres hijo, que eres padre. Y no dejas de nacer, en cada historia, en cada cosa, en cada muerte.

Hasta caer en la cuenta. Que lo importante es la pupila, y no la mirada. Que lo genial no es el beso, sino sus labios entregados. Que lo digno es la sonrisa, y no la broma. Tan atento, sin distancia, que ser distante es atentado, y el tiento, amigo, tentación es ser humano.

Pues no sabemos mañana, pero nos sabemos aquí. Y quizás con eso sobre, al menos eso aprendí. Así, cuidadoso de descuidarse, de cuando en cuando. Sensato para volverse loco, de tanto en tanto. Eligiendo el arte, sentir más y pensar menos, hasta enamorarte, sin matices. Hacer de lo imposible una rutina, y de la rutina un imposible. Como esos genios artistas que deciden dar la vuelta a todo.

Ser libres para hacer verdad esa existencia de mentira. Honestos pero indomables, dioses intocables, pero frágiles y sensibles. Soñadores caminantes dispuestos a andar sus propias fantasías. Humildes para aprender, orgullosos para vencer. Vitales, atrevidos, optimistas, para vivir, que lo demás, entiendo, no lo es ni se le parece. Y que para malvivir siempre hay tiempo, pero yo me pido vida.

Y quedar en paz contigo, la serenidad de dejar una herencia perfecta. Haber vivido, nada menos, nada más, toreando temores, con el alma dispuesta, sin responder aquellas preguntas, esas preguntas que no tendrán respuesta. Que lo que toca es vivir, y no vas tarde, pero tampoco es pronto. Y entonces serán dos besos, tres abrazos, seis momentos, puede que alguno más, pero ya no se irán, nunca jamás, porque allí estarás, que no te lo juré, eso ya lo sé, pero al menos puedo prometértelo…

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1 Comentario

  1. Gilbert

    “Quién” los cogiera (con tilde)

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