Lo que trae la Marea…

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Cuenta la leyenda marina que el buen capitán se hace en las tormentas de espanto y no en la calma chicha de un anticiclón pasajero. Cuenta la leyenda que los héroes de la mar saben de rumbos imposibles con un barlovento en la amura que escora el más grande de los navíos. Noches en vela vigilante ante esa ola asesina que derramó ríos de tinta y que nunca sabrás cuando aparece. Luchar contra viento y marea, siempre con el destino más allá de un horizonte que, durante semanas, parece vacío.

Navegar los mares con descaro, enamorando en cada puerto a mil princesas que esperen tu vuelta con el ansia de una niña. Escudriñando las estrellas para hallar la senda correcta en un mundo silencioso en el que te bates bravo contra los elementos. Someter la pereza del sueño, el miedo con decisión y la vergüenza con arrojo en cada golpe de timón encendido de ganas y ambiciones. Estudiando las cartas la manera de encontrar el mejor camino, aunque para ello tengas que atravesar mares infestos de tiburones, o piratas que confíen en su suerte de victoria en el corso contra tu proa.

Ser buen capitán es herir tu barco por aguas poco profundas que rasgan hasta su centro. Romper el mástil por esa jarcia que tira de ti hasta el límite. Echar un cabo por la borda a aquel que lo necesita. Ejercer de buen anfitrión del que precise de nuestra ayuda, dando sonrisas al temor del que llega. Ser buen capitán es embelesarse con la naturaleza que te acoge, con la fauna que acompaña y con el cielo que te observa. Es permanecer desafiante ante corrientes indignas, mando en ristre, avante, viento en popa, o sin él, a toda vela.

No hallar calma en el destino, sino en su búsqueda. Sin más fe que una vieja brújula que orienta torpe cada milla marina que avanzamos. Con la mayor izada y la palabra entusiasmo tejida en su entretela. Sin más bandera que la humana, que habla del mar, ese lugar sin fronteras que es tan justo como exigente, tan cruel como noble y tan fiero como extraordinario.

Porque la vida es eso. Navegar con alma el océano de todas las desdichas. Derrotar al más osado de los mares con paciencia. Decidir un rumbo y equivocarse para corregirlo. Vencer por haberlo intentado, aunque naufragues, que lo dudo, pues el buen capitán jamás abandonará su navío por agua que entre en sus sentinas. Tan solo, llegado el caso, yacerá con él, en un fondo de coral, juntos, y servirá para reescribir la bella historia de ese capitán eterno que vivió como navegó, enamorado hasta la bandera de su digno barco y de las mil aventuras increíbles que le trajo la marea…

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