Mi Verdad…

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Vivo en la ciencia. Cuestiono toda verdad que no sea debidamente argumentada, y no acepto hipótesis como realidades si no son acompañadas por la experiencia. Es por eso que, de cuando en cuando, me permito acudir a estas letras con el fin de resolver mi necesidad espiritual de expresar sensaciones que no guardan relación con el método científico. Mi terapia particular, me gusta decir, quizás mi manera de desahogarme, después de todo.

Por eso hoy quiero hablarles de ciertas verdades, las mías, que no están basadas más que en mi instinto y en mi experiencia, pero que pueden arrojar luces a esos capitanes a la deriva en el océano de la vida. Ahí va alguna, por si les valen.

Si algo me encontré en mi camino es que aquellas personas que persisten suelen alcanzar aquello que anhelan. No importa si es un trabajo, un sueño, por difícil que parezca, una vocación, o lo que sea. Son muchos los ejemplos que guardo en el arcón de mis recuerdos. Gente que se le tildó de loca por luchar sin descanso por algo en concreto. En el peor de los casos, los que no consiguen su objetivo, aún intentándolo, se llevan el aprendizaje que da el afrontamiento, y la serenidad que deja el esfuerzo por tratar de atrapar cualquier horizonte. Y eso no es poco.

Otra verdad es que todo ocurre desde dentro hacia fuera. Que cuando quieres algo antes debes imaginarlo, y que visualizar aquello que quieres ya hace más cercana la posibilidad de que eso termine pasando. En lo bueno y en lo malo. Que si transitamos siendo pesimistas solemos encontrar negrura en nuestras vidas, y que al revés lo mismo. Que el pensamiento es el inicio de todo, y que está en ti decidir el mundo que quieres en el futuro.

Tampoco puedo demostrarlo, pero me arriesgo a aseverar que quien hace el bien suele tener recompensa. Que el que sonríe, agradece, estima, empatiza, respeta, etc, suele terminar recibiendo lo mismo, al menos con el tiempo, y que querer a los demás es la mejor forma de tener una existencia agradable, aunque para comprobarlo haya que tener paciencia.

Me he dado cuenta también que la juventud es un estado mental, que poseer nos posee y no nos deja ser libres, que el tiempo está para aprovecharlo y que hasta a amar se aprende. Ahora sé que el mayor pecado es no vivir, habitar la vida sin buscar aquello que te entusiasme, y que no serás verdaderamente genial en aquello que no te guste. Que las personas pueden cambiar, que no hay más patria que la infancia, y que expresar es una forma de desinfectar nuestros miedos. Que el trabajo es un medio, que fracasar es no intentarlo, que tu cuerpo es efímero y que tu legado es eterno. He entendido que los amigos se cuidan, que la naturaleza se protege y que el olvido no es crecimiento. Que hasta en el daño hay elección, y que envidiar nos hace esclavos.

Me he percatado de que la estabilidad laboral no es un sueldo a fin de mes, treinta días en verano y ocho horas en la oficina, sino saberse en un proyecto que te entusiasme, con objetivos difíciles pero alcanzables, y con una dinámica de trabajo en la que las circunstancias exijan lo mejor de ti cada instante. Donde la creatividad sea una herramienta, y la motivación sea ingrediente diario.
Me di cuenta que cuidarnos no es hacer lo que te apetezca, sino elegir estar en el presente, escogiendo aquello que te va bien, desde la comida hasta los lugares, por no hablar de las personas que permanecen a tu lado. Que el carpe diem no consiste en salir de fiesta, sino en respirar el instante, pues no vuelve jamás, sea el que sea.

Ahora sé que lo importante no son las respuestas que buscas, sino las preguntas que te haces. Que si existe belleza es para ser disfrutada, y que si hay Dios no sabe de culpas, pero sí de entendimiento. Que la única verdad es que no existen verdades, excepto las que construyas, y que nadie lo haga por ti, pues quizás no existe camino más perfecto que el que nosotros diseñamos y andamos con coraje. Que te toca vivirlo, con tu razón o tu ciencia, y que mi orgullo es caminarlo al lado de quien me acompaña para descubrirlo…

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1 Comentario

  1. Manuela Picon Aparicio

    Precioso articulo. Te conozco hace años, pero nunca habia leido nada tuyo. Creo q has madurado y como el vino añejo has mejorado. A mi entender te falta un punto, creee en Dios y es verdad, q El no sabe de culpas y si de entendimientos. Tu lo has dicho y en el fondo a El le debes ser la persona afable y conciliadora q eres. Yo te deseo lo mejor en este andar radiofonico y q El te siga bendiciendo. Bss

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