No dejar de Buscarse…

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Hoy te escribo a ti, que me lees pensando que tus males son los peores. A ti, que vives creyendo la falsa idea de que tus problemas son difíciles de resolver para cualquiera. Para ti que te evitas, sintiendo que es preferible huir de las dificultades para salir airoso en la vida. Hoy te dedico unas letras y unos cuantos ejemplos, a sabiendas de que posiblemente me odies al término del relato. Pero si me conoces ya sabes que soy más de pedir perdón que permiso, y no será hoy cuando cambie la cosa.

Y que conste que te entiendo. Que cuando hablas de pereza, de vergüenzas, de falta de ganas y de desidia te comprendo. Que muchas veces, hasta el acto más simple, parece el más complicado si no quedan motivos en tu alma para hacerlo. Lo sé. Yo me vi demasiadas veces en esa senda de no saber y verme perdido, y salí, y es por eso que hoy te echo la bronca amable de quien tiene huellas en ese camino en el que te hallas. Y sé también del sabor amargo de la desgana, de la dejadez y la inapetencia. Por eso te traigo unas cuantas personas a estas líneas, por si de algo valiera para tu presente o tu futuro.

Y si no que le digan a Felipe, honrado como pocos, que, con cuarenta recién cumplidos y tres niños en el mundo, superó un cáncer justo delante mía, cuando los médicos le daban por deshauciado. Y si no que te cuente Ana, luchadora incansable, mujer maltratada que sacó fuerzas de flaqueza para divorciarse y levantar una familia desde cero, y de esa última lágrima de felicidad derramada en la mesa de mi consulta. O Carlos, samurái rebelde que dejó el alcohol y eligió ser libre de sus miedos. O Elena, invencible, que montó su negocio con telarañas en su cuenta corriente, que me pagaba a principio de mes, y a la que vi triunfar de orgullo en su última conferencia en loor de multitudes. Y a Leonardo terminar un Maratón delante mía, tras perder treinta kilos en pocos meses. Y José Antonio, vencedor de su ansiedad a base de tesón y coraje. Y Sofía salvarse del suicidio, y a mis parejas, Maite con su Alvaro, y Guillermo, con su Alejandra, y tantos otros que terminaron. Y mil ejemplos de los que valen. Samuráis geniales que decidieron empezar de nuevo, a pesar de todo, y que aún permanecen en la guerra.

Y aunque marcharon me acompañan. Los noto en cada palabra que escribo, en cada verso, en cada aliento y en mis suspiros. Los siento empujando a los que llegan nuevos, abrazándolos como si aún estuvieran presentes en mi despacho. Regalando el secreto para los que aspiran a reencontrarse. El secreto de los que supieron al fin que, para enamorarse de sí mismos, necesitaron, al menos un tiempo, verse perdidos y no cejar jamás en el empeño de buscarse…

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1 Comentario

  1. Reme

    Muchos somos los identificados con muchas de tus palabras, como hoy me siento identificada yo. A veces seguimos un camino por pereza a cambiar, por miedo a enfrentarte a los obstáculos, o miles de cosas que van surgiendo. Yo mi siento estancada en un camino sin salida, a pesar de querer salir nose Cómo. Tus pequeñas historias me hacen reflexionar.

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