El Placer de Ser Libre…

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Si no lo saben, tengo más defectos que casi nadie, por si en los últimos tiempos se les ha pasado lo contrario por la cabeza. Soy descuidado a veces con mis amistades, y pueden pasar horas hasta que devuelvo un mensaje. No siempre les agradezco lo que les necesito, ni expreso a mi familia lo que los quiero. Soy desordenado, despistado y tengo mal despertar. Soy perezoso, dormilón y receloso de mi tiempo. He hecho daño, he dicho cosas difíciles de asimilar a la gente que más amé, y he puesto excusas que ni imaginarías. No soy ahorrador, ni siempre sensato, y a menudo hago locuras. Soy torpe en la cocina, impaciente y mal alumno. He sido orgulloso, testarudo, vanidoso y adolescente. He tenido miedo, odio y vergüenza. He sentido rencor, envidia y la esencia de la ira. Durante mucho me creí mis pensamientos negativos, y no siempre fui honesto con lo que pensaba. He fracasado diez veces por cada acierto, he faltado a muchas de mis promesas y alguna vez incluso se me ha escapado algún secreto.

Leo menos de lo que podría, me encanta perder el tiempo. Trasnocho y no aprovecho la mañana. No hago el deporte que debería, y mi dieta dista bastante de ser perfecta. Mi imagen me importa poco, y paso las horas en internet buscando nada. Me he arrepentido mil veces de cosas que no hice, y mucho tiempo viví lejos del presente ni hice por hacerlo. Sé lo que es sentirse culpable, y no hice demasiado por solucionarlo.

Todo eso es cierto. Pero no menos cierto que el primer paso para cambiar es reconocerlo. Porque hubo un día en el que quise darle la vuelta a todo, y entendí que nadie lo haría por mí. Y da igual lo que piensen los demás, pues el peor juicio no es el que viene desde fuera, sino el que grita nuestra conciencia.

Ese día en el que tomé las riendas de lo que quería ser, siendo libre de miedos tras afrontarlos, ser amable, agradecido y dejar de ser esclavo de mi ira, de mis condicionamientos no elegidos, impuestos por la experiencia que me ha tocado. El día en que me negué a cumplir la expectativa de lo deseable y empecé a diseñar mi forma ideal de conducir mis andares.

Allí donde entendí que el problema puede ser oportunidad, que el pasado ya no vuelve, y que es en el presente donde tenemos que elegir el camino correcto. Buscar la serenidad, a pesar de todo, con una sonrisa en la cara, por mucho que el mundo que tienes cerca te deje de hacer gracia. Y aquí me hallo de nuevo, confesándome con vosotros, y quizás también conmigo. Agarrandome a la vida que quiero, no a la esperable por mis huellas. Y es que no creo que exista mejor reto que ganarnos a nosotros mismos la batalla por nuestra propia alma, ese gran premio para los que se rebelan ante su propia historia, y para convencerte de ello vuelvo a estas líneas…

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3 Comentarios

  1. paki

    Cuántas veces he imaginado esta reflexión parece q es mi pensamiento, el de tantas almas q al final encuentran el equilibrio en sus vidas. .. yo estoy en proceso, pero cada vez mejor conmigo y con mayor tranquilidad. Gracias por regalar estas palabras.

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  2. Anónimo

    Sencillamente eres humano!!!!, todos tenemos muchos defectos y virtudes, pero muchas personas entre sus virtudes no está la humildad como la tienes tu de arraigada.
    Jejjeje no eres de los malos jejjeje

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  3. Anónimo

    Uffffff

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