Tu mano con mi vida…

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Mírame. Dime que ves alguien que lucha, y no los éxitos que imaginas. Mírame bien. Dime que observas el rostro de alguien sereno, y no los ojos del miedo por volver a desesperarse. Dime que ves razones, motivos para que creas, y no excusas para pensar que es imposible. Háblame de mis sueños, y te contaré todas mis pesadillas. Háblame de mis sonrisas, y te desvelaré hasta el último de mis silencios. Agarra mi presencia, y te mostraré mis sombras, como esos fantasmas que permanecen al otro lado de la puerta esperando.

Abrázame antes de juzgarme, que mis canas y mis arrugan tan sólo disfrazan un niño revoltoso. Comprende aunque no me entiendas, que no tengo explicaciones ni para mí, así que no te empeñes en culparme de mis desvaríos. Que cuando me equivoco es porque soy humano, y cuando aprendo es porque soy persona. Que sí, que vivir es mi pecado, pero es que no quiero morirme de otra cosa. Y que vengan los descreídos, los cuerdos y los sensatos. Y mi locura vencerá. Y mi destino, y mis valores. Y mi verdad, aunque al final termine siendo una gran mentira.

Dime que ves amor por la naturaleza, una fe que desborda y una pasión invencible. Dime que no engaña quien muestra su alma, y que no hay crueldad en la sinceridad de lo que sientes. Susurra mis lamentos y te diré mis triunfos. Las veces que caí justo antes de levantarme, y todo el buen orgullo que aquello me trajo a mi ánimo. Háblame de mis letras y te regalaré mi historia. Cuéntame mis luces y te diré mis claroscuros. Y que nos gane el tiempo recitando leyendas, y que nos vea la madrugada cantando versos, y que Dios elija amanecer para que me vaya por fin a casa.

Dime lo que quieras, pero eso no. No me digas que no puedes, que no sabes, que no te atreves. No me traiciones sin darme tu ejemplo por vergüenza, ni te quedes quieto ante la simple posibilidad de que algo ocurra. No te marches antes de haberte ido, que el tiempo quema y el presente es ceniza, o al menos eso es lo único que queda. Que el camino es lo de menos, pero andar es un juramento ante la existencia. Lo que quieras menos eso, decirme que no.

Quiéreme aunque te duela, que mi esfuerzo es también tuyo, y quizás no tengo mucha más herencia. Y después elige. Elige la forma, que ya tendrás fondo. Y no te olvides de mi, pues será tu grandeza, perpetuar los antiguos poetas que un día pintamos tus desafíos. Como esa memoria eterna que queda de la silueta guerrera de aquellos dispuestos a dejarse toda la sangre en la guerra, y un segundo genial dedicado a recordarme, al menos, por aquel tiempo en el que sostuve tu mano con mi vida…

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