Mi Última Misión…

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Dime que vives amando, juntando besos y reuniendo caricias. Dime que vives entusiasmado, recitando versos y abrazando momentos. Dime que eres consciente del aire que respiras y que devuelves el favor con un gran suspiro. Cuenta los lugares a los que nunca volverás, y empezarás a agarrar su recuerdo. Cuenta las miradas que no vendrán jamás, los amores de verano y tus historias secretas de adolescente. Habla de tus aromas de niño, de la inocencia de pequeño y del acierto de equivocarte. Habla de tus sombras, que son las de todos, y que pueden ayudar a quien ni aún siquiera sospechas. Presenta al mundo tus sueños, que igual ocurren, y dejan de ser pesadillas de tu conciencia. Siente los instantes, que esos se escapan, y para eso no tengo remedio. Piensa en pensar menos, que nada consigues y mucho dudas cuando pasa. Que aquellos más felices no pensaban demasiado, y sin embargo se hartaban de mil experiencias increíbles. Perdona a los que te hicieron daño, pues jamás encontrarás más geniales maestros para tu crecimiento como persona. Arriesga, que lo atrevido es no hacerlo y habitar como si nada. Pelea estar sereno todo el tiempo, caminando con esfuerzo, pues no hay otra forma de alcanzarlo. Viaja, conoce, entiende y comprende. Prueba el máximo de sabores posibles, que el paladar se hizo para gente dispuesta a gastarlo. Exprime el cuerpo de aventuras, que el buen capitán es aquel que se hizo en las peores tormentas. No te pierdas atardeceres, en silencio, los mares, el campo, la naturaleza. No te pierdas las estrellas, meditar de madrugada reposando un buen vino. No malgastes el tiempo en tus dudas, en desconfiar hasta de ti y en conformarte con pasar los años. No despilfarres las primaveras, sus luces, los inviernos, su nostalgia, la juventud y sus tentaciones, la sabiduría de tu experiencia y la memoria de tus antepasados. No te rindas a batallas sencillas de vencer de a poco que las luches. La pereza, los temores, la tristeza, la añoranza. Acepta el universo para empezar a cambiarlo, porque es probable que lo hagas si crees poder hacerlo. Y que la muerte nos pille intentándolo, enamorados de una existencia elegida, decididos a desafiar la expectativa de una vida tranquila y amable, y terminar escribiendo sobre nuestra tumba “se fue viviendo…”, y que remueva las almas de los que allí se asomen, esa última misión perfecta…

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