La Leyenda de Homero…

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No pretendo ser leyenda, pero no me queda más remedio. Vivo en una casa con ventanas que dan a la calle, en una zona residencial de una ciudad donde cada día es parecido al anterior, con tres hijos que no parecen crecer nunca y una mujer que descuida su vestuario. Soy encargado en una fábrica, rodeado de botones de los que desconozco su función, y mi único anhelo es escuchar la sirena para salir pitando a mi hogar en un viejo coche desvencijado. Llevo una vida sedentaria, me alimento a deshoras y me pirran los dulces. Mi gran afición es la cerveza, alternar con amigos en el bar y terminar borracho encima de la barra. Así se resume mi vida, y ahora cuenten adjetivos, alcohólico, flojo, negligente, descuidado, deshonroso, displicente, falto de compromiso…

Y es que siempre existen dos versiones de la misma cosa. La grandeza de haber tenido una vida pública durante veinticinco años es que cada cual se acogerá a la interpretación que más les plazca, ya sea para calmar conciencias o para lo que ustedes quieran. Y si se quedasen con el primer párrafo estarían en lo cierto, nadie puede discutirlo. He sido pendenciero, no hago caso a los médicos, mi dieta dista mucho de ser saludable y cuando voy a la iglesia me quedo dormido. Desprecio a mi jefe, me aprovecho de mis vecinos y mi ambición laboral es nula. Jamás me leí un libro, me paso días frente a la tele y cualquier esfuerzo me parece una locura.
Todo cierto. En una sociedad en la que los superhéroes están de moda, alguien como yo no debería ser recordado. No tengo habilidades especiales, pueden considerar que mi actitud es nefasta y que mi ingenio brilla por su ausencia. Y tendrían razón, no seré yo quien se la quite a nadie. A estas alturas ya podrán sospechar que mi orgullo es papel mojado ante quienes juzgan cada gesto que me ocupa. Acepto las críticas, pero no pienso mejorar demasiado, al menos no en la forma que nadie espera, si es que aún albergan esperanzas de que cambie mi manera de entender la vida.

Pueden creer en todo eso, pero se estarían olvidando de algunos detalles importantes que completarían el diagnóstico definitivo. Y si son justos, de lo que estoy seguro, harán por seguir leyendo y emitir el enunciado correcto sobre el juicio que me espera. Porque si profundizas y me preguntas te contestaré que soy mucho más que eso. Que aunque te extrañe, soy feliz, porque entiendo que la felicidad es hacer lo que uno quiere en casi todos los momentos. No sé lo que es el estrés, porque cuando en el trabajo surge alguna alarma por algo me dejo guiar por mi intuición y la cosa suele acabar solucionándose. Soy fiel y sincero. Llevo desde joven con mi mujer y sigo siendo apasionado con ella. Soy padre de familia numerosa, en los tiempos que corren, y siempre hubo un plato encima de la mesa. Aunque para ello tuviera que trabajar de lo que fuera, olvidando mi dignidad incluso si hiciera falta.

Soy auténtico. Digo lo que pienso, siento lo que digo y hago lo que siento. No sé mentir, soy amigo de mis amigos y mi padre es mi héroe. He viajado por todo el mundo, he arriesgado, he conocido a grandes líderes y me he codeado con los grandes personajes de la historia. Hice cosas extraodinarias, formar un grupo, fui empresario, boxeador profesional, estrella televisiva e ídolo de varias generaciones. Tengo un Grammy, soy famoso y hasta tengo una estrella en el Paseo de la Fama. Soy irreverente, informal, imprudente y sencillo. No envejezco, cada día es distinto y hasta me conocen en la China, por no decir que estuve en el espacio.

Ese soy yo, capaz de lo imposible, y también de lo más mediocre. El ejemplo perfecto que demuestra que cualquiera puede lograr cualquier cosa. Filósofo para unos, vulgar para otros. Inmortal para muchos, irreal para todos. Una muestra de que los límites no importan. La inteligencia de lo espontáneo, dirán, la grosería de lo corriente, quizás. Mas siempre fui yo, lo confirman veinticinco años en antena, un fenómeno de masas, influencia internacional, una forma de educar, un estilo de reinventar lo nunca visto. Y es que ya les dije, no pretendía ser leyenda, pero sentí que todos somos geniales, que lo estabais olvidando, que siempre estaréis a tiempo, y por eso les vine a contar mi increíble pero ordinaria historia…

Homer Simpson.

Artículo para Revista Distopía en conmemoración de los 25 años de la serie.

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