Navegar la Crisis…

20141215-140152.jpg

Nos hicimos a la mar en nuestro humilde velero, con el mástil engalanado de todas las banderas de los lugares por descubrir, tejida con el alma de los sueños más profundos. Por delante un viento que acompañaba, un horizonte que recibía generoso nuestro rumbo y un cielo con mil estrellas susurrando el mejor camino. La vela mayor empujando hacia el infinito y cien olas acompañando el vaivén de un presente que se hacía amable, como esas treguas que ocurren antes de la tormenta.

Porque vino esa tormenta. Poseidón alzó su tridente en el fondo del océano y temblaron las aguas. Las nubes oscurecieron el cielo y los rayos alumbraban los miedos de los más intrépidos. El vértigo se apoderó de un timón que casi soltamos, y las cartas volaron por la borda. Nos salpicaba la vergüenza en cada balanceo provocado por mareas que azotaban nuestra suerte. Se inundaron nuestra fe y la esperanza, y bajamos a escondernos en la sentina. Los temores manejaban la deriva de un navío incontrolable, el agua gobernaba nuestro destino, y todo parecía decidido.

Pero entonces apareciste en cubierta, bebido en coraje, jurando por tu barco, apretando los puños ante una partida que parecía perdida. Navegaste escorado, pero avanzando, al tiempo que los demás veleros observaban tu osadía contra los dioses. Te vestiste de orgullo, de pasión desmedida, y fuiste hacia el centro de la tempestad, sin saber qué encontrarías, con la rabia de aquellos que creen en imposibles. Y en ese centro un remolino, voraz, que te hizo dar vueltas hacia un fin seguro.

Y ocurrió el milagro. La fuerza de la inercia te hizo salir despedido. Y ya no navegabas el mar, sino volabas. Ya no flameaban las velas, eran pulmones. Tu proa desafiando afilada y las heridas quedándose en cicatrices. La victoria de la intención sobre el talento, de la emoción sobre la razón, de la intención sobre la certeza. Una hazaña que recordarás, tú y quienes te vieron, como una bella travesía culminada en proeza. Enseñando que todos podemos, que tan sólo se trata de ir hacia la tormenta.

Y aún sigues luchando, negociando mares lejanos, aventuras por resolver y puertos en los que descansar el paso. Y eres capitán excelso, forjado en vendavales y borrascas, pirata que abordaste tesoros magníficos, almirante del honor y grumete del pecado. Y la gloria escribe tu bitácora, por supervivencia y honestidad, por genialidad y decisión. Y ya no esperas a la mar, lo hace ella con entusiasmo. Es tu historia, la de un superviviente que se hizo a los océanos, que superó adversidades y que aún sigue luchando. Por eso mereces unas letras, apenas nada, de un velero amigo que te defiende, de un poeta que te observa, enamorado de tu ejemplo…

20141215-135918.jpg

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.