Decidir los Pasos…

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Nos empeñamos en buscar paraísos lejanos pensando que allí nos encontraremos a nosotros mismos, olvidando a menudo que la ansiada serenidad se alcanza habitando en paz el entorno en el que estemos, sea cual sea. Acostumbramos a celebrar quien puede permitirse coger un avión y plantarse al otro lado del mundo, pero no felicitamos a quienes deciden conocer su tierra un domingo cualquiera. Así lo hice yo ayer, aprovechando el descanso y un Sol en sobre mi cabeza.

No me hizo falta demasiado, buena música, una ruta y tirar millas. Aquí, no muy lejos, siguiendo el curso del Río Guadalquivir dirección a Sanlúcar. Donde la calma permanece, en un paisaje que imagino no cambió durante siglos. Quietud alrededor, si acaso el susurro del agua regando cosechas, aves majestuosas oteando horizontes y una suave brisa de otoño que sabe cada vez más a invierno. No me crucé con nadie, tan sólo con alguna liebre desconfiada al verme y unos caballos extrañados ante mi presencia. Únicamente yo, conmigo.

Y así seguí, sonriendo, cantando casi a gritos, seguro de mi soledad. Agradecido por un atardecer más al destino, embelesado en un Sol cada vez más lejano, contando las estrellas que iban asomando. Momento para sentir, pensé, y ya no volví a pensar. Y se quedaron los sentidos, el tacto de tierra mojada, el gusto de saberme libre, el olor a naturaleza, el oído afinado y la mirada perdida. La intuición desbordada, la razón callada y la emoción tendida. En el presente absoluto de las cosas magníficas.

Quise seguir aún más lejos, pero para cuando quise darme cuenta, la noche me avisaba y tuve que volver sobre mis pasos, reparando en detalles que parecían nuevos, siendo la misma vereda. Ayer descubrí, de nuevo, que nos creímos aquello de viajar lejos primero, pues dicen que lo que está por aquí ya habrá tiempo. Ojalá fuera así. Ya no serán los mismos amaneceres, ni tu mismo cuerpo, ni las ganas de todo. Se irán tus días esperando a que veas el momento, perdiendo los años delante de un televisor por el partido de tu equipo. Se marcharán los amigos con quienes compartir la belleza que no has visto, los escalofríos que no has notado y las piedras que no has pisado. Hazme caso, empieza cuanto antes amigo.

Que el cielo quizás esté en la tierra, pero es posible que tengas que elegirlo. Que un esfuerzo merece la pena, y no hacerlo es un castigo. Hazlo ahora, cuando puedas, pues vivir es eso, no aguardar al futuro para hacer lo que merece la pena, lo que siempre habías querido, encontrar la respuesta perfecta, el sentido de la existencia, caminar sin mirar atrás, agotarse de insistencia y decidir bien tu senda…

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